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Graffitis

Mirando al esférico

By | arte, Brasil, compromiso, Diseño, fútbol, Gabriel Orozco, Graffitis, Handke, Mundial, Picasso, reivindicación | No hay comentarios

Desde un prisma en tono festivo o crítico, artistas modernos y contemporáneos han hallado una opción discursiva en el fútbol. Muchos son los ejemplos. El escritor austriaco Peter Handke nos ofrece una de sus obras mayores en “El miedo del portero al penalti” (1970) donde nos cuenta la historia inventada de Josef Bloch, antiguo portero de un equipo de fútbol que es despedido de su trabajo como mecánico y debe empezar una nueva etapa en su vida por cauces tan dolorosos como desconocidos para él. Sólo los recuerdos de su época de futbolista serán capaces de presentarse ante él de un modo más o menos aprehensible.

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Dos años más tarde el propio Handke redactaría el guión de la versión cinematográfica dirigida por el alemán Wim Wenders.

Heleno

Otro caso es el de la pasión de Pablo Picasso por este deporte. Esa afición se vio reflejada en una serie de esculturas de cerámica y pinturas centradas en esta temática a principio de los `60 –footballeur– También Andy Warhol fue atraído por el fenómeno del fútbol como espectáculo de masas y plasmó varias fotografías con el rostro de Pelé -1977-.

Uno de los artistas más influyentes en las dos últimas décadas, tanto en exploración del dibujo, fotografía, escultura e instalación es Gabriel Orozco. El mexicano es un ávido viajero del mundo que hizo de “Pelota Ponchada” (1993) una de sus obras más emblemáticas.

Pelota ponchada 1993 Gabriel Orozco

El arte se vuelve más significativo cuando reivindica derechos y mueve las conciencias. “Need food, not football” rezan algunos muros de las favelas de Río, acompañado de la imagen de un niño desnutrido junto a un balón de reglamento. Pocas veces se ha visto una repulsa tan grande contra un acontecimiento deportivo en el propio escenario donde se celebra, a través de diferentes manifestaciones artísticas. Sin duda es una buena señal: en un mundo globalizado la gente cada vez es más consciente de la realidad. Los líderes políticos temen a un pueblo bien informado, o al menos saben que no pueden jugar sus cartas fraudulentas con la desvergüenza habitual.

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El viral de artistas callejeros que se han dado a la tarea de plasmar su oposición a la Copa del Mundo lo han hecho con temáticas que versan en torno a la pobreza, niños depauperados, desigualdad y descontento. Se vuelve inexplicable la urgencia por albergar un acontecimiento de tal magnitud cuando faltan hospitales, escolarización y servicios públicos fundamentales. El Mundial de las grandes cifras: 11 mil millones de dólares invertidos –el más caro de la historia-; 50 millones de pobres en Brasil. Por suerte, y gracias en parte a estas contribuciones artísticas también, ha calado el mensaje de un pueblo que prefiere conquistar unos derechos antes de ser anfitrión de un circo, incluso tratándose de un circo donde ellos reinan, el balompédico. Al observar las calles de Sao Paulo, Fortaleza o Recife por la pantalla de mi ordenador recuerdo el enorme mural que se veía desde una destartalada ventana del Tacheles –un centro cultural alternativo- en Berlín. En él se endiosaba la identidad de Brasil a través del fútbol-puro, retratando en 4 metros de pared a Ronaldo –el verdadero- haciendo un regate a un adversario. Joga Bonito culminaba, adornado con la cara de otros astros reconocibles de la canarinha por encima del emblema. En la actualidad los artistas brasileños han tomado el fútbol-mercado como insignia de las reclamaciones de un país, demostrando ser muy hábiles al recorrer el campo de la fibra sensible. Sólo faltaría que el balón no entrase, para que no hubiera anestesia, y quizás se iniciara en Brasil un antes y un después de La Copa del Mundo. Que la alegría por el sentimiento futbolístico-puro no termine por camuflar las injusticias traídas por el fútbol-mercado. Como a lo largo de la historia, las manifestaciones artísticas son el reflejo de la vida, y el fútbol en toda su complejidad tampoco es una excepción. Joga Bonito sí, pero no a cualquier precio.

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